LA MAGNÉTICA VOZ DE LA CUENTACUENTOS

Hablar bien en público

Hablar bien varios idiomas es hoy en día muy importante, pero en el verano de 1978 salías del bachillerato con un nivel bastante escaso. Decidí enmendar eso y con 18 años volé a Londres para mejorar mi nivel de inglés en la “Wimbledon School of English”.

Fue allí donde comenzó mi afición por la buena oratoria y se afirmó mi propósito por hablar bien. Lo descubrí al escuchar por primera vez en mi vida a una “cuentacuentos” o “Storyteller”.

La voz es magnética

Wendy que así se llamaba, llegó a la hora prevista y se abrió paso entre los alumnos que llenábamos el salón para sentarse en el centro. Tomó el borde de su vestido para evitar pisarlo o engancharlo y se sentó cruzando las piernas en el suelo como si fuera un indio a punto de fumar la pipa de la paz.

 Recuerdo la viveza de sus ojos y la sonrisa, pero no el conjunto de su cara. Sin embargo, su voz nunca se me ha olvidado.

El público queda ensimismado ante un relato bien contado
Photo by Tracy on Flickr

Comenzó a hablar y la sorpresa fue entender casi el 100 % de lo que nos relataba. Es cierto que durante los días previos habíamos preparado parte del vocabulario que integraría el cuento, pero las variaciones en el tono y timbre de su voz, el uso de la velocidad en sus frases y el volumen con el que acompañaba cada sentencia eran suficientes para entender lo que nos contaba aun cuando lo hubiera hecho en cualquier idioma por desconocido que fuera.

Imagen de Luxstorm en Pixabay

Aquella mujer, sentada en un salón lleno de estudiantes de todas las nacionalidades, tenía un magnetismo especial. Usaba su voz para transmitir todas las emociones que la historia requería: alegría, miedo, ira, ansiedad, paz…

La voz tiene un poder especial por la carga emocional que transmite. Impacta y provoca acercamiento o rechazo según la usemos. Es lo que algunos expertos denominan metalenguaje que está integrado por el tono, el volumen, las pausas y silencios.

La voz es un arma de seducción

Susan Hughes, Psicóloga y profesora del Albright College, afirma que la voz es tan importante en la atracción sexual como el aspecto visual. Lo mismo opina el psicólogo Héctor Galván, director clínico del Instituto Madrid de Psicología, quien considera la voz «toda un arma de seducción” cuyo poder supera incluso el del aspecto físico en este campo.

La voz nos identifica y se convierte en la marca personal de cada uno. Los expertos en comunicación coinciden en darle el segundo lugar en el impacto de nuestro mensaje después de los gestos y por encima del contenido en sí.

Con independencia de si supone un 30 o un 40 % de la comunicación, lo cierto es que le damos menos importancia de la que tiene y no pocos discursos, lecciones, entrevistas, … se han arruinado por no cuidar la voz adecuadamente.

Emocionar con la voz

Emocionar con la voz es sencillo si conocemos sus cualidades y cuidamos las herramientas con la que la producimos:

La voz está integrada por el volumen, tono, timbre y ritmo y en su producción intervienen la respiración, la dicción y la modulación. El volumen o intensidad de nuestra voz depende de nuestra respiración y el uso de nuestro diafragma. Sin llegar a gritar, debemos utilizar una intensidad enérgica que se adecue al entorno en el que vamos a hablar.

En una presentación online, tan frecuentes en la actualidad, nuestro volumen debe moderarse y asimilarse al de una conversación cara a cara. EL tono está determinado por las cuerdas vocales, por su grosor y por su longitud. Los hombres, en general, tenemos un tono más grave y las mujeres más agudo. Se puede controlar y evitar el zumbido monocorde que resulta muy incómodo y aburre. Un buen truco es iniciar las frases con un tono más alto y lo vayamos bajando hacia el final. Las voces graves resultan en general más atractivas que las agudas y conviene evitar la conocida como “voz de pito”.

Las cuerdas vocales junto con la boca y la nariz forman una caja de resonancia
Photo by Rachel Mason on Flickr

EL timbre es la suma del sonido de las cuerdas vocales y la caja de resonancia que está integrada por nuestra nariz y nuestra boca. La amplitud de la boca ayuda a adecuar el timbre de nuestra voz y modificar el tono. Un timbre abierto es más eficaz que hablar con la boca cerrada (o pequeña).

Hablar bien implica hacerlo con el ritmo adecuado

El ritmo es la velocidad con la que hablamos y las pausas que efectuamos. Hay una enorme diferencia entre hablar rápido y hablar lento. Un orador ágil es mejor percibido. Sin llegar a atropellar o ametrallar las palabras, evitemos la lentitud excesiva.

La combinación de las 4 cualidades es la que nos va a permitir comunicar distintas emociones.

Si queremos transmitir alegría utilizaremos un tono y volumen altos y hablaremos más rápido. Para la angustia o miedo, bajaremos el tono y la velocidad. Y, si lo que queremos es provocar la risa ante una broma, haremos uso de la pausa.

Los buenos oradores entrenan y calientan la voz

Photo by Xurso Martínez on Flickr

Todo ello fluirá si entrenamos adecuadamente tanto nuestra respiración como la dicción y pronunciación.

La respiración depende de un buen uso de nuestro diafragma que debemos identificar y sentir. Llenar los pulmones de aire y expulsarlo a distintas velocidades antes de “salir a escena” evitará que nos ahoguemos y facilitará el volumen adecuado.

Las cuerdas vocales y la caja de resonancia qué representan nuestra boca y nuestra nariz están rodeadas de músculos qué debemos dominar.

Los trabalenguas entrenan la dicción

Activar la musculatura alrededor de nuestra garganta y nuestra boca, relajar el cuello y nuestras mejillas y soltar la lengua son ejercicios habituales para un cantante o un actor y deben serlo para un orador. No hay nada peor que iniciar un discurso carraspeando por no haber calentado previamente la voz.

Del mismo modo, un discurso puede verse afeado por aquellas palabras de difícil pronunciación que traban nuestra lengua. Los expertos recomiendan aprender trabalenguas y recitarlos en voz alta para evitarlo.

Cuando escuché a Wendy en 1978 contándonos un cuento no sabía por qué su voz me impactó con tanta fuerza. Tras varios años teniendo que hablar en público aprendí que simplemente concedía a su voz la importancia que en estas líneas he querido dejar reflejada.

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COMUNICAR ONLINE

Lenguaje corporal online

Todos los expertos coinciden en señalar al lenguaje corporal como el aspecto más importante en la comunicación. Un estudio de la psicóloga Amy Cuddy concluye que nuestro cerebro presta 12,5 veces más importancia a nuestros gestos que a nuestras palabras.

En una situación como la que padecemos y en la que asistimos a muchas reuniones o conferencias online para evitar el contagio del coronavirus, parece que la capacidad de comunicación, al menos nuestro lenguaje corporal se reduce significativamente.

Conferencias online
Jagrit Parajuli en Pixabay

Evitemos el contagio del virus, pero contagiemos nuestro mensaje

No tiene por qué ser así. Podemos ser igualmente eficaces en nuestras reuniones “on-line”. Para ello, sólo debemos cuidar algunos aspectos y entender que la comunicación eficaz se basa en la transmisión de nuestro mensaje.

Vanessa Van Edwards utiliza un concepto muy acertado para definir la comunicación: Comunicar es contagiar y lo hacemos de tres formas diferentes: con los gestos, con las palabras y con las emociones.

Nuestro lenguaje corporal está en los gestos

Aunque no nos damos cuenta, cuando nos encontramos con alguien por primera vez, lo primero que miramos son sus manos. Lo hacemos para asegurarnos de sus intenciones. También ocurre frente a nuestros interlocutores.

Vanessa Van Edwards quiso averiguar con su equipo de “Science of people” por qué algunos oradores TED tenían más éxito que otros. Encontró la clave en las manos: los oradores cuyas charlas eran más visitadas utilizaban una media de 465 gestos con las manos en sus charlas de 20 minutos; los menos exitosos realizaban una media de 272 gestos.

Podemos seguir utilizando las manos frente a una webcam y podemos reforzar lo que transmiten con los gestos faciales.

Ser auténticos frente a la cámara

Todos los seres humanos expresamos nuestras emociones con un abanico de 7 micro expresiones. Son gestos faciales que todos reconocemos con independencia de la raza, edad o lugar donde vivamos: miedo, tristeza, asco, enfado, alegría, ansiedad y sorpresa. “La cara es el espejo del alma” y estos gestos pueden traicionar nuestro mensaje. Es muy importante ser auténticos en una comunicación “online” pues nuestros gestos faciales son más próximos e identificables.

Los gestos nos delatan
Sonrisa. Unsplash

Las palabras activan la dopamina

La dopamina es un neurotransmisor que activa nuestra sensación de placer. Se activa cuando tenemos experiencias agradables. La Universidad de Oregón realizó un estudio sobre cómo se activa la dopamina a través de las palabras y concluyó que los mensajes rutinarios no tienen efecto alguno.

Sin embargo, si en lugar de iniciar una conversación hablando del tiempo, lo hacemos interesándonos por aquello que evoque recuerdos placenteros, nuestra capacidad de contagio habrá aumentado. Nuestro mensaje será más efectivo y nosotros mismos seremos mejor recordados.

Lo mismo ocurre con nuestra voz. Un tono grave, una voz firme, bien timbrada y una velocidad que evite el aburrimiento son capaces de convertir una charla a priori aburrida, en una experiencia ilustrativa.

Contagiar a nuestros interlocutores

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Lenguaje corporal online

Los gestos, la voz y la calidad del mensaje atraerán a quienes nos escuchan ya sea en una entrevista, en una clase o en una conferencia, pero lo que acabará conectándoles por completo, lo que les contagiará, será la emoción que seamos capaces de transmitir. Muchas iniciativas contaron con el respaldo que precisaban, simplemente porque fueron capaces de emocionar a quien debía tomar una decisión ya fuera económica, organizacional o de cualquier otro tipo. La emoción empieza por nosotros mismos. Si nos creemos nuestro mensaje, si nos expandimos como en el caso que cuento en el vídeo, nuestra conexión será mejor y llegará a más gente.

Hablar frente a la webcam
Encuadre adecuado

Así pues, es sencillo:

Antes de cada comunicación online y una vez iluminado bien nuestro encuadre, recordemos que comunicamos con nuestras manos y nuestros gestos, con el mensaje y la voz y, por encima de todo, con la emoción que seremos capaces de mostrar en nuestro rostro.

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Ética y compasión en un videoclip

Videojuegos de acción y aventura

Eduardo es un chico de 22 años que prepara en la universidad su futuro, hace deporte y le gustan los videojuegos de acción y aventura. Lleva dos semanas fastidiado con un dolor en la cadera que atribuye a un golpe jugando al fútbol. Decide ir al médico quien emite un terrible diagnóstico: El dolor de Edu tiene su origen en un linfoma de Hodgkin. Empezó ahí la dura lucha contra una enfermedad a la que, en algunos casos se vence, pero no va a ser el caso de Edu. Tras dos años y medio, con 24, el pasado 27 de mayo, Edu falleció.

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Clip The last of us 2 para Eduardo

Pasión por los videojuegos de acción y aventura

En sus últimos días, había comenzado una historia de esas que merecen destacarse:

The last of us 2 edición especial para Eduardo
Clip The last of us 2 para Edu

He mencionado que a Edu le gustan los videojuegos de acción y aventura: Cuando el 9 de abril de 2020, los médicos le comunicaron tanto a él como a sus padres que no había solución, Edu aceptó con total resignación que estaba ante sus últimas semanas de vida y sus padres quisieron que fueran lo más agradables posible. Si la entereza de Edu era encomiable, la de sus padres resultaba heroica. Los caprichos de Edu fueron muy limitados: alguna comida favorita, visitar Los Molinos donde ha pasado muchas vacaciones de verano y un videojuego: “The last of us 2”. Le había gustado mucho la primera parte y quería intentar “pasarse” la segunda aventura.

Las fechas de estreno de los videojuegos no se alteran

El problema era que el juego no se empezaría a distribuir hasta finales de junio.

El padre de Eduardo no se lo pensó dos veces: escribió a Sony solicitando una copia anticipada o alguna solución, convencido de que muy probablemente, su hijo no llegaría a la fecha prevista de lanzamiento:“Imagino que mi petición es una solicitud extraña, pero me mueve únicamente el poder hacer feliz a mi hijo en sus últimos momentos. Pedirles de corazón me ayuden a ver cumplida esta pequeña demanda, a la vez tan grande para él”.

Sony PlayStation se pone las pilas

Lejos de eludir la respuesta, todo el equipo de Sony en España, con su directora general al frente y el departamento de márketing, buscaron complacer a Eduardo. Si no había forma de acceder al juego, intentarían cualquier otro detalle que ilusionara a Edu:

Sony Playstation
Photo by PlayStar Rocker on Flickr

En un tiempo récord, especialmente valorable en medio del confinamiento, con la generosidad de los actores de doblaje de los protagonistas del juego, los técnicos y resto de personal, grabaron un clip que refleja la grandeza de quienes se implicaron y, en consecuencia, de la compañía para la que trabajan. Toda una joya para alguien a quien le gustan los videojuegos de acción y aventura.

Se lo hicieron llegar a la familia junto con una carta de ánimo que llegó el mismo día que Edu abandonaba este mundo.

El pasado 2 de julio, el clip ponía fin al funeral que se celebró por el eterno descanso de Edu y me impulsó a reconocer en este artículo el gesto de Sony Interactive Entertainment, titular del juego de acción y aventura «The last of us»

La ética empresarial nace de la ética de quienes las integran.

Las empresas son organizaciones que se crean para satisfacer determinadas necesidades generando valor. En el momento de crearse, se incorporan una serie de valores que constituyen la filosofía de la empresa. Parte de la misma está integrada por los códigos de ética y valores personales de quienes integran las empresas.

Proyección del clip en el funeral por Eduardo

La industria del videojuego tiene una injusta mala fama que generan quienes la acusan de provocar adiciones perjudiciales en los adolescentes o de crear productos violentos o pornográficos.

Se le critica sin tener jamás en cuenta que es de las pocas industrias en nuestro país que creó su propio código de autorregulación . Además, advierte con transparencia de los daños que puede provocar el abuso.

Cuando se adquiere un videojuego, tenemos a nuestra disposición, de forma bien visible en el producto, información orientativa sobre la edad adecuada para su consumo y sobre el contenido del mismo.

A partir de ahí, es la responsabilidad de los padres de los menores de edad la que debe regular las horas que sus hijos utilizan un videojuego y los contenidos a los que acceden. Lo mismo que ocurre cuando llevamos a nuestros hijos al cine.

UNICEF destaca la labor de la industria del videojuego en materia de seguridad infantil.

Hace unos meses, un informe de UNICEF reconocía la labor de la industria europea del videojuego a favor de la seguridad infantil. A raíz del mismo, Simon Little, Director General de la Federación Europea de Software Interactivo (ISFE), destacó que “como industria, nuestra atención a la protección de los menores está en nuestro ADN. Las empresas europeas de videojuegos se esfuerzan constantemente por permitir que nuestros jóvenes jugadores disfruten en un entorno seguro, gracias a las herramientas de control parental y al sistema de calificación (PEGI) utilizado en 38 países de toda Europa”.

Código Pegi
Código PEGI

Durante la pandemia aumentó el uso de videojuegos.

AEVI, asociación que representa en España a esta industria, se hace eco del informe e incluye varias recomendaciones para usar las herramientas de control parental y el juego responsable.

En previsión del mayor uso de videojuegos durante la pandemia, la asociación publicó en su página web, diversos consejos “para apoyar a los padres durante la crisis del Covid-19”.

El reconocimiento de UNICEF valora el videojuego como entretenimiento, pero también la capacidad de enseñar, de conectar con amigos por todo el mundo, cuidando el interés del menor.

Los videojuegos aportan grandes beneficios a la sociedad y a jugadores de todas las edades. Simon Little lo destaca: «Es voluntad de la industria garantizar que las comunidades y los videojuegos sean seguros, agradables y experiencias positivas para todos”.

El gesto de compasión mostrado por Sony forma parte de una ética universal que garantiza estas experiencias.

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Lecciones y conferencias en el coronavirus

Elsa encendió el ordenador con la misma alegría de siempre. Dedicaba los primeros momentos del día a leer los comentarios de sus seguidores. Es entrenadora de educación física y desde que empezó el confinamiento por el coronavirus, da sus clases “online”. El mensaje procedente de YouTube la dejó de piedra: habían retirado el último vídeo con su sesión sobre abdominales y caderas por “no respetar los derechos de autor”.

YouTube retiró el vídeo del entrenamiento por no respetar los derechos de autor.

No entendía nada. La clase era suya, la había creado ella; ¿qué derechos podía haber infringido?

La causa no era otra que la música de la sesión. Elsa usó su repertorio habitual pero esta vez no estaba en el gimnasio sino en Internet. Los gimnasios y otros establecimientos abiertos al público abonan una tarifa por el uso de música con la que amenizan las sesiones o la estancia.

Ese pago no se extiende más allá y YouTube aplicó uno de sus protocolos para respetar los derechos de autor.

¿Puedo usar cualquier foto de Internet en mis presentaciones?

Algo parecido ocurre con las presentaciones on-line en las que se utilizan contenidos ajenos.

¿Quién no acude a Internet para buscar fotos, vídeos u otros archivos para ilustrar sus presentaciones o conferencias?

Sin embargo, no todo lo que está en la web se puede utilizar de forma libre. Al menos, si queremos respetar los derechos de autor. Con el tele-trabajo se añade una variable que hay que tener en cuenta: La conferencia no se limita al aula universitaria o a la sala de juntas de una empresa. Puede extenderse a todos los invitados a una sesión o más aun si la colgamos en redes sociales o en espacios como YouTube.

Al inicio del confinamiento, Javier decidió actualizar su página de Internet y le gustó mucho la foto de un paisaje relacionado con la actividad de su empresa. No conocía las limitaciones existentes ni estaba familiarizado con el uso de fuentes de código abierto o licencias como “creative commons” o “copyleft”.

Conferencias y clases on-line deben respetar los derechos de autor
Imagen de Jagrit Parajuli en Pixabay

Siguiendo el rastro de la foto, una agencia americana se ha puesto en contacto con él para reclamar el pago por el uso de la misma. Va a tener que rascarse el bolsillo y abonar una cantidad cuando podría haber usado otra foto similar, recogiendo tan sólo el nombre del autor.

Hay contenidos que sí puedes usar.

En el ámbito universitario, el uso de material de Internet para ilustrar una obra propia es habitual. Puede tratarse de obras libres porque están en dominio público o ser contenidos amparados por las licencias que las universidades suscriben con los autores o con las entidades de gestión, o por licencias “creative commons” (CC).

Estas últimas son herramientas que permiten algunos usos de obras ajenas sin necesidad de la autorización del titular. Hay seis tipos de licencias CC que van desde permitir cualquier explotación, incluidas las comerciales hasta autorizaciones más restringidas que no permiten uso comercial ni crear obras derivadas.

En las universidades, también existen repositorios  que almacenan trabajos e investigaciones que se puede usar con las limitaciones que sus autores hayan dispuesto.

Creative Commons ofrece contenidos que respetan los derechos de autor
Imagen de Imran Abdul Jabar en Flickr

Sin embargo, hay otras obras que aun estando en Internet, no pueden utilizarse. Para respetar los derechos de autor, la ley entiende que cualquier uso de una obra ajena exige autorización del titular y debe ser expresa. Como es lógico, la autorización supone un pago, pero hay excepciones:

Los derechos de autor no son ilimitados.

El precio por el uso de obras ajenas puede variar mucho, pero los derechos de propiedad intelectual no son para siempre y hay excepciones que permiten algunos usos.

Los derechos de explotación de una obra pueden ejercerse durante la vida del autor más 70 años tras su muerte. En el caso de las fotografías, puede ser aún menor, 25 años, si se trata de una mera fotografía. Tras esos plazos, entran en dominio público y pueden usarse siempre que se cite al autor y la fuente. Ahora bien, ¡cuidado con las obras derivadas! Podemos usar un texto de “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha” escrito por Cervantes, pero no una adaptación que se haya hecho hace 10 años. La página web de la biblioteca nacional contiene una lista de obras en dominio público.

Además del tiempo, la legislación impone algunos límites a los derechos de autor. Se regulan en los artículos 31 a 40 bis del texto refundido de la ley de propiedad intelectual (TRLPI).

Las citas o reseñas tienen sus condiciones.

Se pueden incluir fotografías o fragmentos de otras obras en una obra propia como citas o reseñas siempre que se cumplan algunas condiciones (Art. 32 del TRLPI):

La cita es incluir un fragmento de una obra ajena en una obra propia. Lo más habitual es incluir un texto de otro autor diferenciado del propio (entrecomillas o en letra cursiva) e indicando autor y procedencia.

También pueden incluirse obras audiovisuales, sonoras, fotografías o dibujos, siempre que cumplamos algunos requisitos:

  1. La obra tiene que haber sido divulgada.
  2. Podemos incluir sólo lo que sea imprescindible para el fin que perseguimos: enseñanza o investigación. No se permiten las citas largas o muy numerosas que no estén justificadas.
  3. La cita se debe realizar a título ilustrativo, o para su análisis, comentario o juicio crítico.
  4. En el caso de fotografías u obras plásticas (dibujos, planos, etc.), deben incluirse de forma íntegra.
  5. Se debe designar al autor y la fuente de la que tomamos la cita.

¿Qué podemos incluir y que no?

Si queremos respetar los derechos de autor, podemos incluir un trozo de una canción para analizar su letra o su ritmo en clase de música, pero no podemos añadir música a nuestra presentación para hacerla más amena; podemos incluir la imagen de un cuadro de Velázquez o de Antonio López en clase de pintura para analizar el estilo, técnica, etc. pero no para ilustrar una diapositiva.

Recordando a nuestra protagonista del inicio de este artículo: Elsa puede grabarse realizando una sesión de gimnasia. Debe registrarla como propia, tal y como recomendaba en mi artículo anterior. Y debe indicar si se la reserva o autoriza su uso. No puede añadir música salvo que sea suya, esté autorizada por los autores o proceda de fuentes de código abierto como las que he citado.

Los entrenamientos on-line deben respetar los derechos de autor.
Photo by Kelly Sikkema on Unsplash

Algunas citas resultan peligrosas.

Y no me refiero a las citas a ciegas. Podemos copiar un fragmento de un texto ajeno y usarlo en nuestra presentación, pero debemos extremar la precaución si vamos a parafrasear o traducir pues esto implicaría modificar la obra. La regla general es hacerlo desde el llamado “uso honesto”.

Podemos usar fragmentos de obras escritas, pero no está claro que podamos utilizar la imagen parcial de un cuadro o de una foto.

También debemos tener cuidado con las fuentes que utilizamos para evitar usar una grabación audiovisual no autorizada como sería el caso de un vídeo falso o pirata.

La casuistica es amplia y es posible que en ocasiones precisemos de la ayuda de un profesional.

El capítulo que la ley dedica a los límites a los derechos de autor termina con un artículo que debe ser tenido en cuenta: Los artículos del presente capítulo no podrán interpretarse de manera tal que permitan su aplicación de forma que causen un perjuicio injustificado a los intereses legítimos del autor o que vayan en detrimento de la explotación normal de las obras a que se refieran. (Art. 40 bis del TRLPI).

Tal afirmación obliga a actuar con cautela si no queremos disgustos por violar los derechos de autor.

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EL VIENTO NO SE LLEVA LAS PALABRAS

ARTÍCULO PUBLICADO EN https://www.educando.es/blog/ EL 1 DE JUNIO DE 2020. REVISADO.

Lola acudió a mí con una pregunta inquietante: ¿Pueden pagarme 100 euros por una clase y ofrecérsela a miles de alumnos durante años? ¿Cuál es el valor de una conferencia on-line?

El valor de una conferencia on-line

Era, más o menos, lo que establecía el contrato que le habían ofrecido y que quería que revisara: “En virtud del presente contrato, el Autor cede los derechos de propiedad intelectual que pudieran derivarse de “las obras”, por el plazo máximo de tiempo previsto en la ley, para su explotación en todo el mundo, en los términos y condiciones que se detallan en las siguiente cláusulas”.

Es decir, por el precio que resulta razonable para una conferencia, Lola entregaba a la empresa que la contrataba, la explotación de su obra en todo el mundo pudiendo la empresa grabarla, distribuir copias en cualquier formato, televisarla, y hasta publicar un libro durante 5 años.

Las lecciones del coronavirus

Lola dedica su esfuerzo diario a crear cursos y conferencias sobre liderazgo y temas similares. Se ha ganado un sólido prestigio como conferenciante y ha convertido esta actividad en su medio de vida.

Con la llegada del coronavirus se ha adaptado al teletrabajo y facilita sus conocimientos a través de los seminarios online, webinars, actos telemáticos y demás herramientas que se han vuelto tan populares. Podría parecer que su profesión ha conseguido sortear la crisis creada por la pandemia.

Sin embargo, sus contenidos, creados con tanto esfuerzo y horas de estudio están ahora amenazados:

Las presentaciones que realizaba acudiendo a distintos centros de trabajo, universidades o colegios ya no quedan registradas sólo en la memoria de los asistentes; la tecnología permite grabarlas y distribuirlas sin que ella perciba un solo euro a cambio.

Conferencias online durante la pandemia
Photo by Simon Abrams on Unsplash

El confinamiento cambió nuestra vida y las palabras no se las lleva el viento. Las sesiones “on line” quedan grabadas con fidelidad y pueden utilizarse. Los profesores y las entidades titulares de los contenidos están indefensos.

¿Pueden copiarse las conferencias online?

Es frecuente considerar que el pago por cualquier servicio debe ser proporcional al esfuerzo que percibimos. Recuerdo aquel chiste del mecánico que solucionó el ruido del coche con un golpecito y la queja del dueño del vehículo por tener que abonar una factura a cambio de tan mínimo esfuerzo. Igual que el mecánico justificaba su factura por “saber donde había que dar el golpe”, el profesor no cobra por estar un rato hablando sino por el conocimiento que transmite.

El contrato es el valor de una conferencia on-line

Este conocimiento es valorado a través de los contratos de cesión de derechos.

Son los acuerdos que autorizan que otra persona o entidad se apropie de nuestras creaciones. Pensemos en un experto que se compromete a entrenar al equipo comercial de una empresa en una habilidad concreta. Hasta ahora, firmaba con la empresa un contrato por el que acudía a la misma para enseñar lo que sabía.

Al acabar las sesiones necesarias, cobraba sus honorarios y ahí acababa todo.

Si el experto era autor de un libro, podía regalar ejemplares a los asistentes, pero eso no implicaba que éstos pudieran fotocopiarlo y repartirlo a otros equipos de la empresa.

Sin embargo, si hay una cesión de derechos, el experto está vendiendo a la empresa algo más que la conferencia. Puede incluso, venderle la capacidad de imprimir un libro o grabar su conferencia y revenderlos después.

Estos contratos resultan a menudo incomprensibles para quienes, sin ser juristas, dedican su esfuerzo a transmitir conocimientos, entrenar o entretener con sus contenidos científicos, didácticos o humorísticos.

Los contratos de cesión de derechos pueden ser abusivos

La cesión de “todos los derechos de explotación” de los contenidos suponen una verdadera amenaza para el titular, quien no podrá oponerse a que su conferencia quede grabada y se distribuya entre quienes el organizador de la conferencia determine.

Valor de una conferencia on-line
Imagen de Peggy Und Marco Lachman-Anke en Pixabay

Por ello, es muy importante leer con atención los contratos que nos ofrecen y registrar como propios los contenidos que elaboramos.

Los contratos recogen el valor de una conferencia on-line. Existen una serie de derechos que la Ley define con claridad: reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de la obra. Se pueden ceder uno a uno o conjuntamente. De no especificarse, la Ley de propiedad intelectual considera que “la cesión quedará limitada a aquella que se deduzca necesariamente del propio contrato y sea indispensable para cumplir la finalidad del mismo”.

La cesión debe ser por un tiempo y en un espacio determinados. Si no se dice nada en el contrato, la misma ley considera que se hizo por 5 años y para el país donde se celebró. Los derechos del autor asalariado, es decir, fruto de una relación laboral, tienen unas reglas que pueden ser diferentes. En general, pertenecen al empresario.

“La parte contratante de la primera parte contratante… da valor a tu conferencia on-line”

Como en todo mercado libre, la ley de la oferta y la demanda rige las condiciones de contratación y Lola ha podido imponer las suyas, ajustando la cesión de sus derechos a la comunicación pública de su obra dentro de un entorno limitado. La consulta con un profesional le permitió poner en valor una conferencia on-line.

Si esto fue importante, también lo es el registro de las obras.

“La propiedad intelectual de una obra literaria, artística o científica corresponde al autor por el solo hecho de su creación” (Art. 1 de la Ley de P.I.), es decir, no es necesario registrar una obra para que la misma se considere tuya.

Sin embargo, en un mundo en el que la tecnología permite copiar y reproducir con suma facilidad, parece conveniente poder probar que un contenido fue creado por su autor. De no hacerlo, podemos encontrarnos con que alguien está vendiendo nuestra conferencia, videoclip o canción a nuestras espaldas e, incluso, que la haya registrado a su nombre.

Conferencia usando zoom
Photo by Allie on Unsplash

Registrar un contenido permite probar que es tuyo

Para registrar nuestras obras, podemos acudir al registro de la propiedad intelectual dependiente del Ministerio de Cultura, o acudir a las ofertas privadas que han ido surgiendo ante la complejidad que a veces supone inscribir contenidos en el registro oficial.

Personalmente, recomiendo el servicio que ofrece Tutelio . De forma muy sencilla, permite registrar obras y obtener de forma gratuita un certificado avalado por tecnología blockchain. También hay modalidades que incluyen servicios adicionales por un precio mensual muy asequible.

En todo caso, cualquiera que sea el registro que usemos, será muy importante advertirlo en nuestros contratos e incluso utilizar la tecnología para que el envío de nuestras propuestas quede registrado con fecha y hora de la comunicación.

El coronavirus también cambió el registro de la creatividad

La nueva era que ha abierto el coronavirus ha cambiado muchas cosas. Ahora, las conferencias no se las lleva el viento, sino que quedan registradas por medios telemáticos.

Si la creatividad es vital para salir de la crisis económica, esencial será el respeto de la misma a través de las normas de propiedad intelectual.

Este respeto debe acentuarse por parte de quienes organizan los seminarios online y los propios profesores. En una doble dirección: para protegerse y para no vulnerar derechos ajenos.

Si el uso de obras de terceros en una conferencia propia puede resultar inocuo dentro de los límites de un aula, en Internet se hace mucho más visible y debe ajustarse a determinadas normas. Hablaré de ello en mi próximo post.

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